DONDE EL VIENTO LA LLEVÓ.
Aquella noche el viento soplaba con tanta fuerza que, al ir a cerrar las ventanas, una ráfaga traviesa se la llevó volando hasta una cama ajena.
Su sorpresa fue mayúscula al caer en los brazos de un apuesto galán, de fuertes pectorales y ojos negros como la noche que los envolvía. Él la miró con la misma incredulidad con la que ella contemplaba aquel inesperado destino, pero bastó un instante para que ambos olvidaran preguntas y respuestas.
Con el primer beso, los truenos rompieron el cielo en mil pedazos. Después llegaron abrazos interminables y, a medianoche, los relámpagos iluminaban la habitación como si el propio cielo quisiera ser testigo de aquel encuentro.
Con cada beso, ella se sentía más atraída por aquel guapo galán, prisionera de unos encantos que, visto lo visto, no eran pocos.
Así permanecieron, amándose hasta que las primeras luces del alba se colaron por el balcón. Ella seguía abrazada a la cintura de su nuevo amante, sin la menor intención de volver a casa.
Antes de dormirse, cerró el balcón a cal y canto y echó la llave.
Por si acaso volvía alguna que otra racha de viento.
Colección: A MI MANERA