Me contó mi padre
que lloró en mi parto,
que yo nací fuerte y sano,
y que mi madre me dio a luz
con dolor e ilusión,
y allí estaba ella
desde el primer instante
protegiendome entre sus brazos.
No puedo recordar,
pero mi padre me contó,
que a partir de aquel momento
ella no dejo de quererme,
que cuido de mis fiebres
durante mil días y sus noches.
También mi padre me contó,
que cuando crecí, algunas veces,
llegaba de madrugada
y allí estaba ella esperándome,
detrás de la puerta
dispuesta a regañarme
Hoy mi padre no puede contarme
más historias de mi madre,
porque hace tiempo que murió.
Y ahora tendré de ser yo
quién cuente a mis nietos
lo importante que son sus madres
y lo mucho que les quieren…
Quiero dedicar esta poema
a mi madre y a todas las madres,
para que sigan queriéndonos
como siempre nos han querido.
¡te quiero mama!
Escribo poemas a la soledad, para hacerle compañía, haciéndole la espera más corta y más dulce la sonrisa. Soy de los que creen en el sonido del silencio o de los que habla con el mar. ¡Soy de aquellos que la gente piensa que estamos locos!
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domingo, 5 de mayo de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
MI ÁNGEL DE LA GUARDA
Un rayo de luz opaca
entró por la ventana
a través del fino hilo
de una pestaña.
Su voz apasionada
llenó mis oídos de ansia,
igual que las gotas de lluvia
se convierten en lago
en las entrañas de la montaña.
Recorrieron sus uñas
mis débiles carnes,
como el filo de una espada
mientras circulaba mi sangre
bañada en oro, mirra y plata.
Anduvo mi cuerpo perdido
en tierras movedizas,
buscando un resquicio
de luz donde agarrarme.
Busqué en el cielo
un lugar donde columpiarme
y fueron sus brazos de ángel
quienes me mecieron,
mientras me canturreaba
viejas canciones de cuna.
Colección Poemas de historias de ángeles
entró por la ventana
a través del fino hilo
de una pestaña.
Su voz apasionada
llenó mis oídos de ansia,
igual que las gotas de lluvia
se convierten en lago
en las entrañas de la montaña.
Recorrieron sus uñas
mis débiles carnes,
como el filo de una espada
mientras circulaba mi sangre
bañada en oro, mirra y plata.
Anduvo mi cuerpo perdido
en tierras movedizas,
buscando un resquicio
de luz donde agarrarme.
Busqué en el cielo
un lugar donde columpiarme
y fueron sus brazos de ángel
quienes me mecieron,
mientras me canturreaba
viejas canciones de cuna.
Colección Poemas de historias de ángeles
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