lunes, 14 de septiembre de 2026

TE DIGO QUE LAS HADAS EXISTEN.

TE DIGO QUE LAS HADAS EXISTEN.

Aquella noche me desveló el aullido de un perro callejero, mientras mi viejo gato empezó a maullar sin sentido. Salté de la cama buscando a los culpables; el gato se escondió dentro del armario, mientras el perro seguía ladrando a su antojo por todo el barrio.

Al mirar por la ventana, una bruma espesa e incolora difuminaba las alas de un ser mágico que llegó volando hasta ella.

«¡Santo cielo! Un hada viene a visitar mi pobre morada», pensé para mis adentros.

La luna despertó a las estrellas para que iluminaran el rostro de tan bello ser.

Mi corazón palpitaba sin dar crédito a tan hermosa aparición entrando en mi casa. Mi cabeza estaba enturbiada, como en una noche de resaca. Ella me abrazó y susurró en mi oído:

«Sé mi amor, sé mi amante. Anidaré en tu cama, te cantaré canciones de cuna y te acurrucaré entre mis brazos para que te duermas en mi pecho, como un niño».

Amé lo inimaginable. Durante un tiempo incierto me sentí el hombre más feliz del universo. Había encontrado al ser que había buscado toda la vida y ahora lo tenía en mi cama, comiéndonos a besos.

Y, en aquel preciso instante, cuando aparecieron las primeras luces del alba, desperté de mi sueño de un sobresalto, justo cuando el hada salía volando sin mediar palabra.

¡Salté de la cama! Salí corriendo y solo vi cómo se alejaba volando entre la bruma de la mañana.

Volví sobre mis pasos con lágrimas en los ojos. Rescaté a mi gato, mientras el puñetero perro seguía dando la lata con sus aullidos en mitad de la calle.

Juanjo Cardona

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