CÓMO AMAR SIN SER AMADO
La luna me guía hacia sus brazos y, aunque conozco el camino, siempre llego a ella como quien se pierde por primera vez. Mi corazón va descalzo, con la duda clavada en el pecho: si ella me ama o si solo sabe hacerme creer que vivimos en un cuento.
Siento su piel sobre la mía y el mundo se queda al otro lado de la puerta. Sus labios tienen esa dulzura peligrosa que me hace olvidar todas las promesas que me hice antes de verla. Después, cuando la noche se queda en silencio, me acurruco en su ombligo como si allí pudiera esconder todo lo que me duele.
Necesito acariciarla, recorrer cada rincón de su cuerpo, y entonces me vuelvo prisionero de sus juegos, de esa manera suya de acercarse y alejarse sin decir ni media palabra.
A fuerza de idas y vueltas he aprendido a ser un buen amante, pero en cada despedida me siento más frágil. Cuando ella se marcha, la casa se vuelve a llenar de silencios.
No hay pastillas, ni remedios, ni médicos capaces de curar estos síntomas de amor enfermizo. Porque hay fuegos que quedan ahi dentro y arden lentos, cuando me quedo solo con mis pensamientos.
Colección: A MI MANERA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario