viernes, 18 de septiembre de 2026

HUNDIDO EN MI SOFÁ.

HUNDIDO EN MI SOFÁ

Bendito sofá, bendito lugar donde descansar durante horas sin otra labor que la de dedicarte, en cuerpo y alma, a la contemplación y meditación de la nada.

Honorable lugar de reposo del guerrero, donde tumbar los huesos molidos después de un agotador día de trabajo. Bendito mueble que, con el tiempo, se va adaptando a tus desgarbadas formas.

Desde este rincón surgen mil ideas en mi intrépida mente, aunque algunas se pierden entre los anuncios de la tele y alguna que otra llamada de móvil de un inoportuno amigo, que se queda sin respuesta.

Siempre hay una excusa para alargar la estancia sobre el sofá: rellenar estrofas de poemas que van quedando colgadas, echar otro sueñecito o, simplemente, esperar a que llegue la inspiración. Pero, si tengo que ser sincero, debo reconocer que algunas de mis obras maestras han nacido mientras pensaba en las musarañas.

Por eso juro que, en este preciso instante, estoy hundido en mi sofá, buscando la inspiración necesaria para escribir un nuevo relato o algún apasionado poema estratosférico.

Y recuerda: estés donde estés, mis letras siempre te harán compañía.

Sed benévolos con mis neuras y, sobre todo, ¡sed felices!

Colección: A MI MANERA.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL COLECCIONISTA DE SUEÑOS.

EL COLECCIONISTA DE SUEÑOS

En mis sueños te presentas en forma de nube de algodón que gravita en el cielo. Eres blanca y ligera. Así apareces cada noche, endulzando mis sueños desde el instante en que tu boca encuentra la mía.

La luz de tu sonrisa me sonroja y el simple roce de tus labios se convierte en vino dulce que acelera mi corazón mientras me miras. ¡Oh, canción de ángeles celestiales! Me elevas con ese primer beso que se posa lentamente sobre mis labios.

Y grito a los cuatro vientos que eres mía, ¡eres mía!, aunque solo sea mientras dure este sueño del que nunca quisiera despertar.

Te miro y extiendo mis redes hasta el fondo de tus ojos verdes. Allí intento atrapar el instante, detener el tiempo, impedir que la noche termine. Y en las redes de mi amor queda enredado tu recuerdo, entre cantos de sirenas y algas marineras, mientras yo me convierto, sin saberlo, en un coleccionista de sueños.

Pero siempre llega ese injusto instante.

Despierto.

Abro los ojos y tú ya no estás.

Entonces recojo lentamente las redes de mi sueño, todavía húmedas de mar y de ti, y regreso con ellas vacías a mi realidad más desesperante.

Aunque esta noche, cuando cierre de nuevo los ojos, volveré a lanzarlas al mar.

Colección: A MI MANERA

martes, 15 de septiembre de 2026

TE DIGO QUE LAS HADAS EXISTEN.

TE DIGO QUE LAS HADAS EXISTEN.

Aquella noche me desveló el aullido de un perro callejero, mientras mi viejo gato empezó a maullar sin sentido. Salté de la cama buscando a los culpables; el gato se escondió dentro del armario, mientras el perro seguía ladrando a su antojo por todo el barrio.

Al mirar por la ventana, una bruma espesa e incolora difuminaba las alas de un ser mágico que llegó volando hasta ella.

«¡Santo cielo! Un hada viene a visitar mi pobre morada», pensé para mis adentros.

La luna despertó a las estrellas para que iluminaran el rostro de tan bello ser.

Mi corazón palpitaba sin dar crédito a tan hermosa aparición entrando en mi casa. Mi cabeza estaba enturbiada, como en una noche de resaca. Ella me abrazó y susurró en mi oído:

«Sé mi amor, sé mi amante. Anidaré en tu cama, te cantaré canciones de cuna y te acurrucaré entre mis brazos para que te duermas en mi pecho, como un niño».

Amé lo inimaginable. Durante un tiempo incierto me sentí el hombre más feliz del universo. Había encontrado al ser que había buscado toda la vida y ahora lo tenía en mi cama, comiéndonos a besos.

Y, en aquel preciso instante, cuando aparecieron las primeras luces del alba, desperté de mi sueño de un sobresalto, justo cuando el hada salía volando sin mediar palabra.

¡Salté de la cama! Salí corriendo y solo vi cómo se alejaba volando entre la bruma de la mañana.

Volví sobre mis pasos con lágrimas en los ojos. Rescaté a mi gato, mientras el puñetero perro seguía dando la lata con sus aullidos en mitad de la calle.

Colección: A MI MANERA. 

domingo, 13 de septiembre de 2026

IBIZA, UNA ISLA PARA COMERSELA CON LOS DEDOS.

IBIZA, UNA ISLA PARA COMÉRSELA CON LOS DEDOS

Yo soy ibicenco de pura cepa, nacido en un pueblo pequeño de casas blancas y gente buena. Un rincón tranquilo que ama las cosas sencillas, donde nadie presume de relojes caros ni de grandes coches. Aquí se va en bicicleta y se mira al cielo para saber la hora.

Pero, cuando llega un amigo, se le recibe como a uno más de la familia. Se sienta alrededor de la mesa, se charla de las cosas cotidianas y, casi sin preguntar, aparecen la sobrasada, el botifarrón, el pan recién hecho y el vino payés. Entonces uno entiende que la riqueza no siempre cabe en una cartera.

Mi pueblo parece de juguete: una sola calle, dos bares y una iglesia de puertas abiertas, esperando a los feligreses que entran a rezar por sus santos difuntos.

Un carro cruza despacio el pueblo. Unos perros ladran, sin saber muy bien por qué, al paso de unas bicicletas de niños que regresan de la escuela. El día transcurre plácidamente y las únicas que parecen tener prisa son las sombras, que cambian de un sitio a otro con permiso del sol y las nubes.

Mi pueblo es así. A mí me parece perfecto, porque conserva lo que muchos lugares han perdido: la calma, la verdad y esa manera tan nuestra de hacerte sentir como en casa.

Y quizá por eso la isla no tan solo se mira y se visita: Ibiza se saborea, se comparte y se come con los dedos.

Colección: A MI MANERA.

sábado, 12 de septiembre de 2026

DONDE EL VIENTO LA LLEVÓ.

DONDE EL VIENTO LA LLEVÓ.

Aquella noche el viento soplaba con tanta fuerza que, al ir a cerrar las ventanas, una ráfaga traviesa se la llevó volando hasta una cama ajena.

Su sorpresa fue mayúscula al caer en los brazos de un apuesto galán, de fuertes pectorales y ojos negros como la noche que los envolvía. Él la miró con la misma incredulidad con la que ella contemplaba aquel inesperado destino, pero bastó un instante para que ambos olvidaran preguntas y respuestas.

Con el primer beso, los truenos rompieron el cielo en mil pedazos. Después llegaron abrazos interminables y, a medianoche, los relámpagos iluminaban la habitación como si el propio cielo quisiera ser testigo de aquel encuentro.

Con cada beso, ella se sentía más atraída por aquel guapo galán, prisionera de unos encantos que, visto lo visto, no eran pocos.

Así permanecieron, amándose hasta que las primeras luces del alba se colaron por el balcón. Ella seguía abrazada a la cintura de su nuevo amante, sin la menor intención de volver a casa.

Antes de dormirse, cerró el balcón a cal y canto y echó la llave.

Por si acaso volvía alguna que otra racha de viento.

Colección: A MI MANERA

LAS ARMAS LAS CARGA EL DIABLO.

LAS ARMAS LAS CARGA EL DIABLO.

¡La guerra, las putas guerras! Las inventan los políticos y los generales, pero nunca son ellos quienes se tumban sobre el barro. Son los simples humanos los que mueren en el más absoluto anonimato, dejando una madre abrazada a un retrato.

Las guerras no las quiere nadie, salvo cuatro locos gobernantes que juegan al poder desde la comodidad de sus despachos. Unos las empiezan por venganza, otros por intereses propios o de Estado; pero todos, todos por mantener su gordo culo en la poltrona. 

¿Cuándo nos dejarán en paz? Si todo lo que gastan en armas lo empleasen en alimentos y educación, medio mundo comería y habría menos miseria, menos dolor y menos personas caminando sin rumbo, por las calles de otros países.

Pero llegará un día en que no queden inocentes a quienes aniquilar de la faz de la tierra. Entonces, quizá, algunos de esos politiquillos de pacotilla tendrán que aprender a disparar. Y descubrirán lo difícil que es apuntar con un fusil cuando al otro lado hay unos ojos que también quieren volver a casa.

¡La guerra, las putas guerras!

“A la guerra, madre, yo no quiero ir, porque no quiero ni matar ni morir.”

Colección: A MÍ MANERA.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Y ASÍ EMPEZARON LAS DISCOTECAS EN IBIZA.

Y ASÍ EMPEZARON LAS DISCOTECAS EN IBIZA.

Hace millones de años, la isla de Ibiza estaba casi cubierta por el mar y el cielo era oscuro como una noche sin luna.

El Señor, desde lo alto, contempló aquel desaguisado y pensó que no era de su agrado. Una madrugada despertó sobresaltado y mandó llamar con urgencia a sus ángeles pensantes para que le ayudaran a buscar una solución.

Se reunieron todos alrededor de una gran nube blanca. Surgieron mil proyectos entre tanto ángel iluminado, pero a Dios ninguno le pareció bueno.

—Señor, podemos teñir los montes de colorines, como si fueran un cuadro abstracto —propuso un espabilado.

—Y los mares de amarillo y verde, con olas violeta —añadió otro listillo, intentando subirse al carro de los intelectuales.

El Señor los miró, conteniendo la cólera para no mandarlos de cabeza al infierno.

Y sentenció, olvidándose de las ideas de aquellos memos con alas:

—Teñiremos el cielo de un azul claro y el mar de turquesa. Colgaremos por las noches, una luna llena, grande y brillante. Plantaremos pinos para que perfumen el aire y playas de arena blanca.

Los ángeles guardaron silencio, admirados de tanta sabiduría.

Pero el Señor aún no había terminado.

—Y cuando se esconda el sol —continuó—, caerán sobre la isla gotas de lluvia portadoras de alegría y polvos de estrellas. 

Entonces encargó a los truenos que marcaran el ritmo, a los relámpagos que encendieran las primeras luces y al viento que moviera las caderas de todos los que se acercaran a la orilla.

Aquella misma noche, unos cuantos mortales se reunieron, junto al mar. Al principio solo se escuchaban las olas. Después alguien golpeó dos piedras. Otro empezó a cantar. Y, sin saber muy bien cómo, todos comenzaron a bailar bajo la luna.

Desde el cielo, el Señor sonrió satisfecho de su obra.

—Ahora sí —dijo—. Ya tenemos la isla de Ibiza terminada.

Y así, entre estrellas y unos cuantas pastillas de locura y polvos mágicos, empezó a sonar, al aire libre, la música de la primera discoteca de Ibiza.

Colección: A MI MANERA.

HUNDIDO EN MI SOFÁ.

HUNDIDO EN MI SOFÁ Bendito sofá, bendito lugar donde descansar durante horas sin otra labor que la de dedicarte, en cuerpo y alma, a la cont...