LAS ARMAS LAS CARGA EL DIABLO.
¡La guerra, las putas guerras! Las inventan los políticos y los generales, pero nunca son ellos quienes se tumban sobre el barro. Son los simples humanos los que mueren en el más absoluto anonimato, dejando una madre abrazada a un retrato.
Las guerras no las quiere nadie, salvo cuatro locos gobernantes que juegan al poder desde la comodidad de sus despachos. Unos las empiezan por venganza, otros por intereses propios o de Estado; pero todos, todos por mantener su gordo culo en la poltrona.
¿Cuándo nos dejarán en paz? Si todo lo que gastan en armas lo empleasen en alimentos y educación, medio mundo comería y habría menos miseria, menos dolor y menos personas caminando sin rumbo, por las calles de otros países.
Pero llegará un día en que no queden inocentes a quienes aniquilar de la faz de la tierra. Entonces, quizá, algunos de esos politiquillos de pacotilla tendrán que aprender a disparar. Y descubrirán lo difícil que es apuntar con un fusil cuando al otro lado hay unos ojos que también quieren volver a casa.
¡La guerra, las putas guerras!
“A la guerra, madre, yo no quiero ir, porque no quiero ni matar ni morir.”
Colección: A MÍ MANERA.
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