Cualquier día se irá el virus y volveremos a estar tranquilos. No será que no canten los pájaros, que nunca han dejado de piar como los ángeles, sino que cantaremos los humanos libres de contagio. Volveremos de nuevo a los bares. Entonces las mañanas serán como eran antes, llenos de ruido y de tráfico y volveremos a cruzarnos con cientos de personas malhumoradas yendo y viniendo de sus trabajos.
Cualquier día se irá el virus y habrán muerto jóvenes y viejos y los enterramos sin consuelo. En un rincón del cementerio les dedicarán un monumento repleto de floridas coronas y ramos y con cada uno, se nos irá un trocito de corazón apenado. Un Ave María y tres Padres nuestros.
Nos quedaremos sin abuelos y nos sentaremos bajo un almendro al lado del pozo del huerto, para hablarles a nuestros hijos de ellos, para que les quede en la memoria sus recuerdos. Se irán al cielo; un día de primavera, entre campos de amapolas y cerezos en noches de luna llena.
Se irá el virus y todo volverá a ser como antes y volveremos al bar de Paco, porque con el tiempo todo se habrá olvidado y pasaran los años y olvidaremos el duelo y se nos irá el santo al cielo.
Escribo poemas a la soledad, para hacerle compañía, haciéndole la espera más corta y más dulce la sonrisa. Soy de los que creen en el sonido del silencio o de los que habla con el mar. ¡Soy de aquellos que la gente piensa que estamos locos!
domingo, 5 de junio de 2022
EL BAR DE PACO
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